//Carlos Gracida, el hombre que llevó el Polo al cielo

Carlos Gracida, el hombre que llevó el Polo al cielo

El polista mexicano se convirtió en una leyenda viviente. Durante su carrera obtuvo todos los reconocimientos como deportista y se volvió un ícono en varias partes del mundo. 

El 25 de febrero de 2014 se escribió una de las historias más tristes en el mundo atlético mexicano con el fallecimiento de Carlos Gracida. Para muchos, el deportista favorito de la reina Isabel y de varias celebridades, quien perdió la vida al caer de su caballo durante un torneo en Estados Unidos.

Aquel día, en la Ciudad de México, Guillermo Steta Mondragón, actual presidente de la Federación Mexicana de Polo, recibió la noticia mientras comía; el mensaje mencionaba que su amigo se había accidentado y estaba muy grave. Al paso de las horas se concretó la tragedia.

Para revivir no sólo el amargo momento, sino los pasajes con su gran compañero, Guillermo abre su corazón y comparte las aventuras que le tocó vivir junto a Carlos.

“Lo conocí a finales de los 70, yo era chico y me llevaban al Campo Marte todos los fines de semana durante la temporada de Polo; ahí jugaba mucho la familia Gracida: “Memo” papá, (Alejandro) “Cano” Gracida, (Gabriel) “Chino” Gracida, y los sobrinos; Carlos me llevaba un par de años y fue como se dio el primer contacto”, relata el federativo.

Pese a tener amigos en común, en ese momento la relación aún era lejana, pues Steta no jugó Polo sino hasta los 35 años. Una vez que tomó el deporte en forma, tuvo más contacto con Carlos: “Me empezó a invitar a jugar a Estados Unidos, a Argentina, llegamos a jugar en Inglaterra y fuimos haciendo equipo juntos. Cuando venía a México, inmediatamente me buscaba, veíamos cuáles eran las copas más importantes y jugábamos”.

¿Cómo era jugar con Carlos Gracida?

“Era una enseñanza. Estar con él era aprender y aprender, tanto en el ámbito profesional como a nivel personal. Era muy sistemático y entregado, a veces estaba jugando el Abierto de Estados Unidos e iba tres veces a ver a sus caballos. Tenía un contacto muy cercano con el caballerango, los entrenadores, los veterinarios, con la gente de nutrición equina, era todo un equipo. Trabajaba como en una empresa, donde era el director general”, recuerda Billy Steta.

Entre tantas anécdotas, recordó una en particular: “En una ocasión iba a jugar el Abierto de Estados Unidos por la tarde; estábamos en su casa y al mediodía sacó una silla al jardín y nos dijo ‘Les voy a pedir un favor, no quiero que me interrumpan porque me voy a concentrar’; se quedó sentando tres horas, como una estatua; luego se dio un duchazo, se fue a jugar y ganó”.

En la noche me explicó toda la estructura mental que tenía, cómo estudiaba a su equipo, a sus oponentes, sus debilidades y fortalezas, los caballos que iban a utilizar, con los que iba a jugar. Era impresionante, eso no lo ves en todos los profesionales”, acotó.

¿Qué hizo llegar a Carlos Gracida a lo más alto del Polo?

Para muchos, su vida tuvo como eje la fuerza de voluntad, incluso, sustentado por el propio presidente de la FMP, era un guerrero, con mentalidad ganadora, sumado a su firme disciplina, “Cuando se proponía bajar de peso lo hacía, iba con un nutriólogo, con un entrenador profesional, le calculaban la masa muscular, le ponían ejercicios y cumplía al 100 % las recomendaciones, hacía una agenda y no rompía ninguna regla.

‘Conozco jugadores que tienen el don del juego, de la monta, tienen el Polo en la cabeza, pero no son tan disciplinados o tan tenaces; y a quienes no tienen el don del Polo, pero son tenaces y disciplinados y llegan a mejorar. El gran éxito de Carlos fue en parte por su maestro, su papá, don Guillermo Gracida, quien le enseñó a montar, a jugar Polo. Además, para él no había imposibles.

Cuando en los años 80 deja México y se va a jugar a Estados Unidos, con un futuro muy incierto, dijo firme: ‘Me voy para allá, ahí se juega buen Polo, está el futuro’, y lo logró el éxito”.

Gracida fue el primero en ganar tres veces el Grand Slam de Polo en 1987, 1988 y 1994. Se mantenía activo en el deporte a sus 53 años, uno de los casos de mayor longevidad entre los deportistas mexicanos de alto rendimiento en la historia; prácticamente ganó todo, incluida su inmortalidad en el Salón de la Fama en Wellington, sin conocer la arrogancia o prepotencia.

“Las estadísticas son impresionantes, pero el gran triunfo fue ganarse el respeto y cariño de la gente. Hoy por hoy, después de varios años de fallecido, lo siguen recordando. Cuando viajo a Inglaterra y me encuentro a amigos, compañeros, todo el mundo habla bien de Carlos; nos dejó un gran sabor de boca, un gran recuerdo, grandes enseñanzas; lo más grande que heredó fue él como persona, independientemente como jugador…, fue un monstruo, los números ahí están, cualquiera los puede ver y son impresionantes, pero el logro personal que legó, el cariño y admiración, son únicos”, confiesa el también veterano jugador de Polo.

Gracida, el genio a caballo y taco

Además de sus trofeos, dejó un legado polístico digno de recordar, como el mismo Billy Steta confiesa: “Pocos saben que Carlos era una persona que estaba a la vanguardia; fue de los primeros en brincar de caballo a caballo, y hoy lo hacen en todo el mundo. Otro ejemplo son las botas de piel de potro o la borrega que se les pone en la pechera a los ejemplares; también fueron invento de los Gracida.

‘Un día estábamos jugando en el Mundial de Polo en nieve. Después de una práctica, llegó Carlos y se llevó tres o cuatro tacos a su cuarto; cuando entré estaba manipulándolos, cortaba unos pedazos de toalla y los pegaba en la cabeza. Le pregunté el por qué y la explicación fue que la pelota era muy volátil y con la nieve se volvía muy resbaladiza, poco manejable, pero al poner la toalla en la parte frontal en el cigarro del taco, iba a tener mejor control de ella. Hubieran visto la cara de los ingleses, brasileños o argentinos, cuando llegó con la cubierta de toalla, pero lo mejor es que funcionó. Partidos después veías a ingleses y australianos usando la técnica, algo que le vino de la nada. Así era Carlos”, narró en medio de carcajadas.

¿Alguna vez hablaron de la muerte?

“Sí, lo platicamos. Recuerdo que comentamos que si algún día íbamos a morir en un accidente, era preferible en un campo de Polo y no en un hospital o en una carretera; fue justo por la trágica muerte de nuestro amigo Eduardo Funtanet (1997), quien falleció en la Plaza de Toros México… jamás pensé que años más tarde Carlos se iría”, relató.

La herencia inconclusa de Carlos Gracida

Aunque su imagen se relaciona con éxito y la cima deportiva, pocos saben que tenía un sueño, regresar a vivir a México. “Era socio del Club de Polo Ameyalco, con Alberto Rivera. La idea era construir caballerizas fijas, prácticamente tenía los diseños; las íbamos a hacer juntos, serían 24 e iba a traer sus caballos de Estados Unidos. Deseaba formar una escuela de Polo, quería hacer caballos y enseñar”. 

Gracida, ícono del deporte mexicano

Pese a que el Polo no ha logrado la popularidad de otras disciplinas como el fútbol, para Guillermo Steta, no hay duda: “Es de los cinco grandes deportistas que ha dado este país. Hemos tenido grandes exponentes, pero con los logros que tuvo Carlos en el Polo, está al nivel de Hugo Sánchez. Un día salió de México para jugar en Estados Unidos, jugó por todo el mundo y ganó todo.

Es una leyenda en Inglaterra, Argentina y Estados Unidos: una de las avenidas en Wellington lleva su nombre. En México, en su última faceta empezó a jugar mucho aquí, platicaba con jóvenes, jugaba torneos con nuevos polistas, muchas veces jugó torneos por dejar una enseñanza y no tanto por ganar. Justo cuando empezaba a sonar su nombre falleció, por eso fue mucho más trágico”, culminó.